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Un hospital cobra a una de sus enfermeras casi $900,000 tras dar a luz a una bebé prematura — Politics

Cuando Lauren Bard abrió la factura del hospital quedó paralizada. En negrita decía: MONTO ADEUDADO: $ 898,984.57.

La hija de Bard, Sadie, nació en otoño pasado tres meses antes de tiempo. Como enfermera, sabía que los costos de atención para Sadie serían altos, pero había asumido que la mayor parte estarían cubiertos por la empresa dueña del hospital donde trabajaba: Dignity Health, cuyo lema es “Hola bondad humana”.

Estaba equivocada.

Bard, de 30 años, quedó atrapada en una dinámica implacable: a medida que los costos de atención médica aumentan, los empleadores transfieren los gastos a sus trabajadores, reduciendo lo que cubrirán o aumentando las primas y los desembolsos de los empleados. Pero un bebé prematuro entre gastos médicos asombrosamente altos crea una especie de bomba de beneficios, por lo que un empleador — especialmente uno que financia sus propios beneficios — podría buscar una forma de esquivarla por completo.

Y Bart, que tras dar luz a su hija estaba distraída por la precaria salud de la niña y por su propia hospitalización por afecciones graves relacionadas con el embarazo, descubrió esto de la peor manera posible. Su batalla contra su propio empleador es una historia que puede servir de advertencia para otros futuros padres.

La pesadilla de Bard comenzó traumáticamente el 21 de septiembre de 2018 cuando dio a luz a Sadie con solo 26 semanas de gestación en el Centro Médico Irvine de la Universidad de California, al sur del estado. Con un peso de menos de una libra y media — tan pequeña que cabía en las manos de su madre — Sadie fue trasladada de emergencia a la unidad de cuidados intensivos neonatales. Tres días después de su nacimiento, Bard llamó a Anthem Blue Cross, la administradora de su plan de salud para comenzar la cobertura. Tanto el departamento de facturación de Anthem como la unidad de cuidados intensivos de Irvine le aseguraron que Sadie estaba cubierta, asegura Bard.

Pero el plan de Dignity, como muchos, requiere que los empleados inscriban a los recién nacidos antes de 31 días a través de su sitio web, algo que Bard dijo que no sabía en ese momento.

Creyendo que todo estaba bien con sus beneficios, Bard pasó nueve de esos 31 días recuperándose en el hospital y luego tuvo que regresar a la sala de emergencias por una infección. Pasó todo el tiempo que pudo en la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN, por sus siglas en inglés), donde Sadie, en una incubadora, conectada a tubos y cables, luchaba contra una serie de condiciones críticas relacionadas con el parto extremadamente prematuro. En algún momento, los médicos le dieron una probabilidad de supervivencia de 50%.

“Desde que nació es una luchadora”, dice Bard.

Ocho días después de la fecha límite de 31 días, el departamento de facturación de Cuidados Intensivos de Irvine alertó a Bard sobre un problema con la cobertura de Sadie. Anthem dijo que no podía procesar los reclamos relacionados con su bebé, que todavía estaba en la UCIN.

Bard, enfermera de emergencias del Centro Médico St. Bernardine en San Bernardino, llamó al departamento de beneficios de Dignity e hizo un descubrimiento repugnante. Sadie no estaba inscrita en su plan de salud. Era demasiado tarde, le dijeron, ya no podía agregar a su bebé.

Dignity se anuncia como el quinto sistema de salud más grande del país, con servicios en 21 estados. Esta enorme organización sin fines de lucro autofinancia sus beneficios de salud, lo que significa que asume el costo de facturas como las de Sadie. Y no parece tener poco dinero. En 2018, reportó $6.6 mil millones en activos netos y pagó a su CEO $11.9 millones en compensación reportable, de acuerdo con las declaraciones de impuestos. Ese mismo año, más de dos docenas de ejecutivos de Dignity ganaron más de $1 millón en compensación, según los registros.

Dignity también es una organización religiosa que dice que su misión es promover “el ministerio de la curación de Jesús”. Bard recuerda haber pensado que seguramente tendrían compasión de ella.

Bard hizo un collage de los traumáticos primeros días de su hija. Sadie nació tres meses antes de tiempo y pasó 105 días en la unidad de cuidados intensivos neonatales.
(Arlene Mejorado para ProPublica)

Con la sombra de las facturas sobre ella, Bard dijo que literalmente le rogó a Dignity que cambiara de opinión en múltiples llamadas telefónicas, llegando incluso hasta los supervisores. Les insistió que pensaba que había inscrito a Sadie con su llamada a Anthem, pero no era así. Fue un error inocente.

Los representantes le dijeron que la información sobre la regla de los 31 días estaba en los documentos que recibió cuando fue contratada. No importaba que hubiera sido hace seis años, mucho antes de que ella soñara siquiera con tener a Sadie. El representante también le dijo que no era solo la decisión de Dignity: el Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés) no les permitiría agregar a la bebé al plan.

Con el plan de Dignity, Bard podría tener dos apelaciones por escrito. Ella no llegó a ninguna parte con ninguna de ellas. “Las regulaciones del IRS y las disposiciones del plan nos impiden hacer una excepción de inscripción”, escribió Dignity en su respuesta del 30 de noviembre de 2018 a su primera apelación.

Al ser consultados, los funcionarios del IRS dijeron que no podían hablar sobre casos específicos debido a problemas de privacidad ni tampoco hacer comentarios para cumplir con la fecha límite de ProPublica.

Dignity rechazó la segunda apelación escrita de Bard en una carta del 8 de julio, diciendo que la fecha límite estaba incluida en un paquete enviado nueve días antes del nacimiento de Sadie. Pero en ese momento, Bard ya había sido ingresada en el hospital debido a complicaciones de salud. La carta de Dignity decía que “no puede hacer una excepción a las disposiciones del plan”.

Pero el regulador federal del plan de Dignity dijo que tales planes sí que contemplan excepciones. Un funcionario del Departamento Federal de Trabajo, ente que regula los beneficios de salud autofinanciados, le dijo a ProPublica que los planes pueden hacer concesiones siempre que los apliquen por igual a los participantes. Además, la ley federal permite planes para tratar a las personas con “factores de salud adversos” más favorablemente, dijo el funcionario.

Bard luchó, inútilmente, para ver si algún plan de seguro financiado con fondos públicos podría cubrir los costos. Mientras tanto, las facturas comenzaron a llegar: $206 en noviembre, $1,033 en enero, $523 en febrero y $69,362 en abril, con la mayor parte aún por venir. Sadie había pasado 105 días en el hospital y tuvo varias cirugías — y las facturas serían de Bard solamente.

La cuenta total del hospital de Sadie rozaba el millón de dólares y seguía en aumento cuando ProPublica habló por primera vez con Bard. “Trabajaré el resto de mi vida o me declararé en bancarrota”, afirmó.

Bard dijo que ella y su prometido — el padre de Sadie — Nathan Benton, consideraron retrasar su boda para que él no estuviera legalmente cargado con las facturas también.

Bard quedó paralizada cuando abrió esta factura del Irvine Medical Center de la Universidad de California y vio el monto adeudado: $898,984.57.
(Arlene Mejorado para ProPublica)

La inminente deuda y el rechazo de su empleador hicieron que Bard se tambaleara cuando ya sufría de depresión posparto. Regresó a su trabajo mientras la posibilidad de perder su casa en Norco la agobiaba. Lloró y se culpó una y otra vez por no cumplir con el plazo: ¿cómo no pensó en algo así? Ella debería haberlo sabido. Ella debería haber estado más pendiente de eso.

Anthem declinó hacer comentarios para esta historia. La Unidad de Cuidados Intensivos de Irvine, donde Bard dijo que la atención fue excelente, comentó que casos como el de Bard son inusuales pero pueden ocurrir en 1% o 2% de los nacimientos. El hospital intenta trabajar con los pacientes cuando tienen problemas con las facturas, dijo un portavoz del centro.

Con las apelaciones agotadas, la factura de $898,000 llegó. Bard pudo ver de inmediato que manejarlo de la manera típica, con un plan de pago, no iba a funcionar. Si lo fraccionaba en $100 al mes, pagar la deuda le tomaría más de 748 años. “Tardaría tanto tiempo que estaría muerta”, dijo Bard.

No encontraba ninguna salida. El 7 de octubre, publicó una fotografía de la factura de $898,000 en Facebook. “Cuando Dignity Health (la compañía para la que trabajo) te jode sacando del seguro a tu hija…”, escribió.

Una semana después, ProPublica, que había sido notificada sobre el caso de Bard mientras informaba sobre excesos en los seguros médicos, contactó a un representante de medios de Dignity.

Al día siguiente, Bard recibió una llamada del vicepresidente senior de operaciones de Dignity Southern California, quien se disculpó y dijo que había escuchado sobre su situación a través del equipo de medios de la organización y que la ayudarían. Dos días después, Dignity agregó a Sadie al plan, retroactivo a su fecha de nacimiento. Cubriría las cuentas.

Los funcionarios de Dignity le dijeron a ProPublica que se habían enterado de Bard a través de su publicación de Facebook. Bard dijo que dudaba que Dignity hubiera cambiado el rumbo de no haber sido por las preguntas de ProPublica.

Bard carga a Sadie, quien ya tiene 13 meses. Está sana y avanza en su desarrollo.
(Arlene Mejorado para ProPublica)

Dignity aseguró en un comunicado que revisaría cómo podría educar mejor a los nuevos padres sobre el requisito de inscripción. Pero Bard todavía quiere saber por qué su empleador la hizo pasar por tal prueba. En una carta que recibió la semana pasada, el departamento de beneficios de Dignity dijo que había recibido información adicional que los hizo reconsiderar su caso, pero parece ser la misma información que les había estado dando todo el tiempo.

“Basamos esta nueva decisión en ciertas circunstancias atenuantes y convincentes que, con toda seguridad, le impidieron inscribir a su hija recién nacida dentro del período de inscripción de 31 días requerido por el Plan”, se leía en la carta.

Bard reconoce una oscura ironía en el comportamiento de su empleador, un hospital cristiano, y eso hace que sea escéptica. Además, instó al departamento de beneficios a cambiar su proceso para que a otros empleados no se les nieguen sus beneficios. “Dignity necesita poner en práctica sus propios ideales”, le dijo a ProPublica. “No los pueden tener solo como una fachada (…) Tienes que vivirlo. Tienes que recorrer el camino”.

Bard dijo que ella y Benton aún no conocen el total final por el cuidado de Sadie. Pero a veces llaman a su pícara cachetona de 1 año, que está sana y desarrollándose, su “bebé de un millón de dólares”.

¿Su empleador ha negado por error sus beneficios de salud? Comparta su historia con el reportero Marshall Allen en [email protected].

Written by por Marshall Allen

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